La "Spektrum der
Wissenschaft", edición alemana del "Scientific American",
pretende según su nombre presentar un amplio «espectro de la ciencia».
Para lograr este objetivo, escriben en ella autores a los que su carrera
profesional y labor investigativa les han dado prestigio en el mundo académico.
La "Spektrum" se dirige a aquellos lectores que disponen de la
formación necesaria para leer un texto científico con la tranquilidad que
ello requiere. Conocer estos datos es necesario para entender que no se
trata de ninguna publicación seudocientífica. Con cierta frecuencia, han
aparecido artículos sobre los euskaldunak, que enfocan su origen y su
lengua desde la óptica de la lingüística o de la genética. Por lo tanto,
llama la atención cuando la "Spektrum" dice en su última portada
«Ursprache der Europäer» «Lengua primitiva de los europeos»,
haciendo referencia al euskara. Los autores de esos artículos centrales son
la periodista Elisabeth Hamel, el lingüista Theo Vennemann y el genético
Peter Forster. Este último trabaja en la Universidad de Cambridge, mientras
que Vennemann es catedrático de Lingüística germánica y teórica en la
Universidad Ludwig-Maximilian de Munich. La investigación lingüística
parte de la idea de que los nombres antiguos de los montes, ríos y valles
conservan restos de la lengua hablada por los pobladores primitivos de los
correspondientes lugares. A ello se le añade el hecho de que hasta ahora sólo
se haya podido demostrar científicamente que hubo gente viviendo en Euskal
Herria y sus zonas limítrofes, pero nunca que hayan inmigrado de otro
lugar. Eso significa que el euskara (mejor dicho, su forma primitiva, que
los científicos llaman el vascón) sería la lengua de aquellos europeos.
Teniendo en cuenta que, tras la última época glacial, la repoblación de
la Europa occidental tuvo lugar partiendo de aquella zona norteña de la Península
Ibérica, es muy probable que los hombres llevasen su lengua hasta el centro
del continente, antes de que vinieran las tribus indogermánicas desde el
Este. Dado que el agua es esencial para la vida humana, una corriente lingüista
se ha concentrado en investigar la denominación antigua de los ríos. Hamel
y Vennemann opinan que en nombres antiguos, como por ejemplo el alemán
Ebersberg o los franceses Ebreón e Ivry, se hallan escondidas las palabras
vascas ibai o ibar, porque el denominador común de aquellos lugares es que
se encuentran a orillas de un río o riachuelo. Ebersberg significa hoy en día
"Monte del jabalí". La ciudad bávara se encuentra a orillas del
río Ebrach. Su nombre es una contracción de ibar más la palabra
suralemana ach para "río", derivada del latín aqua.
Los autores dicen que la relación con Eber, jabalí en alemán, no es
correcta, porque existen nombres parecidos en francés, donde al animal lo
llaman sanglier. Ofrecen, además, una larga lista de nombres de ríos
europeos que contienen el ur vasco, más los topónimos alemanes que se
refieren a un valle, como Aranbach, por ejemplo. Ven en ello un resto del
vascón aran. Suponen que los primeros pobladores no dieron nombres específicos
al río, monte y valle, sino que los denominaron simplemente como lo que
son: ibai, mendi y aran. Esta teoría se ve fundamentada por los resultados
de las investigaciones genéticas: «Tres cuartos de nuestros genes vienen
de los vascos primitivos». Dado que ni las revistas científicas ni los
diarios disponen del espacio necesario para llevar a cabo el debate científico
sobre esta cuestión, la "Spektrum" ofrece en su página de
internet (www.spektrum.de) los enlaces para que los lectores con criterio
puedan profundizar en sus conocimientos. -