En los albores de una nueva etapa para Vasconia
Luis María Martínez Garate (Ingeniero de Telecomunicaciones)
Vivimos
una época en la que se está produciendo el cierre de varios procesos de la
historia de Navarra. Algunos son muy cortos, como es el iniciado tras la muerte,
en cama, del General Franco, origen de la llamada transición, y que
determina el contenido del régimen político imperante en el Estado español.
Otros son relativamente cortos, por lo menos comparados con los procesos
históricos de largo alcance; en nuestro caso sería el recorrido de
menos de un siglo, iniciado tras la recuperación casi total del movimiento
carlista por parte de los sectores más reaccionarios del nacionalismo español
aproximadamente hacia los años veinte del pasado siglo y que fue en gran parte
responsable de la guerra de 1936. A pesar de la práctica desaparición del
carlismo en prácticamente todas sus variantes, este sector se puede considerar
representado actualmente por quienes hoy dirigen el sistema político implantado
en la CFN. Este período se está agotando tanto por la carencia de un proyecto
sugerente de futuro, como por el manifiesto sectarismo y talante autoritario de
sus protagonistas.
Es
cada vez más claro que el período, de alrededor de un siglo de duración, que
comienza a finales del siglo XIX con la fundación del aranismo como
ideología que soporta la principal expresión de la cuestión vasconavarra como
problema nacional universal, también se está cerrando.
Asimismo
es evidente que la etapa de más larga duración, cuyo inicio se produjo tras la
conquista por el reino de Castilla de la parte más importante de lo que desde
el siglo XI había sido el Reino europeo de Navarra, previamente reducido tras
la conquista de sus territorios occidentales en siglo XII, fue cerrada con el
Convenio de Bergara de 1839 y la mal llamada Ley Paccionada de 1841.
Hoy
es el momento en que se vislumbra la posibilidad de abrir una nueva fase que
enlace la modernidad, la globalización y todos los procesos y tendencias del
mundo actual, con nuestra tradición histórica interrumpida violentamente a
finales del siglo XII, a principios del XVI y mediados del XIX por parte de la
monarquía española y a comienzos del XVII y finales del XVIII por la francesa.
El
mensaje positivo que puede canalizar la apertura de este nuevo período ya
comienza a socializarse entre nosotros. Navarra ha sido un Estado europeo con
una larga trayectoria histórica y con una cultura política positiva y
avanzada. Todo ello fue aniquilado en diversas y dolorosas fases. Nuestra
sociedad resistió con fuerza, pero poco a poco ha ido doblegándose y en ella
permanecen muchas expresiones de resistencia, pero sin coherencia ni objetivos
claros. El aranismo se equivocó en su interpretación histórica, olvidando el
núcleo fundamental de la nacionalización del pueblo vasco que fue,
precisamente, su constitución en Estado, como Reino de Pamplona primero y de
Navarra después. Una fuerte tradición oral, viva hasta casi nuestros días,
mantenía en el territorio de la actual CFN, la llama de su reivindicación y de
la autoestima asociada a la misma. El aranismo no supo (¿no quiso?) conectar
con esta tradición. Y no cuajó. Pretender continuar dentro del mismo paradigma
nos seguirá manteniendo en la minorización y en el gueto. Y todo lo anterior,
aun refiriéndose fundamentalmente a las personas que viven en la CFN, es de
vital importancia para todo el país, para toda Euskal Herria, o lo que es lo
mismo, para toda Navarra.
Ante
las dificultades que va a ser necesario superar para dar paso a esta nueva
etapa, haré tres puntualizaciones a algunos planteamientos políticos que se
expresan actualmente en nuestra sociedad.
En
primer lugar: todos los que piensen que se puede construir un País Vasco sin su
referente político, el Estado de Navarra, intentarán la creación de un ente
nuevo que no será ni País Vasco ni Euskal Herria. En el que, además, toda la
tradición foral que reclaman, quedará privada de sustento al fallar la clave
del arco, es decir, el Estado como garante de tal estructura. ¿Es eso lo que
pretenden? Mejor es que lo digan claramente para saber a qué atenernos.
En
segundo: se engañan quienes piensan que siguiendo dentro del actual paradigma
van a conseguir mejorar un ápice nuestra situación. La quimera de la unión
de las fuerzas llamadas abertzales en el territorio y circunscripción
electoral de la CFN, con su máxima aspiración de lograr ¡un diputado! al
parlamento español, constituye una firme base para continuar en la frustración
y el desaliento. El aranismo, como soporte ideológico de la expresión social
del hecho nacional navarro, ha mostrado históricamente sus limitaciones
electorales en esta circunscripción. Puede lograr un 20 o 25 % de los electores
activos y efectivamente conseguir un diputado a Madrid. Pero ¿es ese el
objetivo de los movimientos políticos que se denominan nacionales en Vasconia?
El objetivo de cualquier política nacional en un país conquistado y sometido
es, precisamente, la recuperación de su propia independencia a través de su
reconstitución como Estado. Y esto no se puede conseguir con importantes
sectores de la población desinteresados por el mismo.
En
tercero: me parece una frivolidad, rayana en la maldad, el pretender utilizar,
reduciendo su extensión y profundidad, el concepto de Nafarroa Osoa para
referirse exclusivamente a planteamientos, que se suponen implícitos en
cualquier proyecto político medianamente racional, de no discriminación por
razones de sexo, ideología o riqueza. En esta línea se manifestaban unas
declaraciones aparecidas recientemente en la prensa (ver Diario de Noticias de 3
de diciembre de 2003, en su página 10). Su sentido político real siempre ha
pretendido tener mucho más calado. Nafarroa Osoa siempre ha hecho
referencia (véase, por ejemplo, a Federico Krutwig, Tomás Urzainqui y otros)
al conjunto de los territorios que fueron Estado independiente a través del
Reino de Navarra y a su proyección como modelo de futuro político para
Vasconia. Esta utilización devaluada constituye la suplantación consciente de
un concepto de un valor político de primera magnitud, por algo banal; y, por lo
mismo, es un error político muy grave.
Para
concluir: actualmente una nación es la expresión libre, consciente y
voluntaria de su ciudadanía. Pero en nuestro caso no sólo se produce la falta
de libertad aneja a las conquistas, sometimientos y minorizaciones, sino que se
impide con esmero que la sociedad acceda al conocimiento real de su propia
historia. Y esto se promueve no sólo desde los aparatos de propaganda
(educativos y de los medios de comunicación) de los propios estados dominantes,
sino desde la propia organización política de una Comunidad Autónoma que
aspira a lograr un estatus especial de unión con España, basándose, en parte,
en las características nacionales surgidas al abrigo del Estado propio, del que
si no reniegan, por lo menos no lo propugnan como referente. Con la connivencia
de determinados sectores políticos afines a su gobierno.
La ideología del nuevo modelo que comienza a manifestarse y a tener efectividad política, sintetiza: 1) el rigor en la exposición e interpretación de la Historia, 2) la autoestima que este conocimiento genera en nuestra sociedad civil y 3) la respuesta y solución a las propias necesidades ante las tendencias del momento presente a nivel mundial. Es una refundación desde los cimientos del movimiento político que reclama una Vasconia presente como sujeto activo en el actual concierto mundial, tan estridente y desafinado por otra parte. Asume e integra, pero también supera, las limitaciones expresadas por los anteriores movimientos, bien fueran básicamente de reivindicación regional como el Carlismo, bien fueran ya expresamente nacionales, como el aranismo en sus múltiples variantes. Aspira a ser mayoritario y cívico, un auténtico patriotismo constitucional en una Europa cohesionada y en un Planeta más justo y solidario.