La anestesia y el corchico

 

Andoni Santamaría Ilundain

 

 

            “Itoiz, lo que el pantano se llevó” fue el título de la conferencia impartida por un conocido experto en arquitectura rural navarra y licenciado en historia del arte a la que tuve el gusto de acudir hace escasas fechas. Datos duros para la Historia de esta controvertida obra, para unos necesaria (Canal de Navarra, agua para urbanizaciones y campos de golf en las costas mediterráneas...) y para los demás derroche–beneficio, según qué parte, desaconsejada por especialistas de prestigio y expertos por ser un medio obsoleto, e incluso por la duda respecto a la construcción y la seguridad de las laderas.

 

            Pero quizá lo más sangrante desde el punto de vista ético-político ha sido la actuación de los gobernantes navarros, al cometer el descomunal desvarío de modificar la Ley para justificar su construcción, salvando de esta manera las razones legales que impedían invadir con hormigón las zonas protegidas. Malas artes de profesionales de la política, sin más. Una perversión de la razón y un insulto a la práctica honesta del arte de gobernar.

 

            Cuando todavía está pendiente alguna sentencia, el Gobierno de Navarra ya ha dado órdenes claras y tajantes: llenado y destrucción de parte de la Historia de aquella zona, valles de Lónguida y Artze, en forma de exterminio de edificaciones antiquísimas, algunas del siglo XII, iglesias románicas, torres-fortaleza, palacios de cabo de armería e innumerables muestras de la vieja raíz navarra. No bastaba con inundar, como es norma general en obras de estas características. Había que machacar con saña invasora edificios-raíz. No ha sido casualidad, error, consecuencia de las prisas y la ignorancia. Existe una estrategia que abarca mucho más que la inundación de Itoitz, Artozki, Orbaiz, Nagore o Gorriz. El objetivo es la anulación de la memoria histórica del pueblo vascón, el navarro. Y ello, si es preciso, derribando muros con palas y excavadoras, como hacen Sharon y sus ultraderechas con los palestinos, o como hiciera hace cinco siglos el Duque de Alba con nuestros castillos.

 

            Navarra sigue siendo laboratorio de experimentos para conocer la reacción de sus gentes ante esa estrategia. Y es evidente que, salvo grupos con sensibilidad, el resultado está de parte de quienes, con sutileza o sin ella, persiguen la anulación progresiva de su conciencia, el dominio y el sometimiento de un Pueblo.

 

Ciegos y mudos

            Esta masacre al patrimonio artístico y cultural navarro ha contado con el silencio cómplice de la Iglesia Católica, de la Universidad (Pública) de Navarra y de la Universidad del Opus Dei, al que hay que añadir el de unos medios de comunicación –salvo contadas excepciones-, agrupados, por distintas razones, en el frente mediático aliado con el poder y con la estrategia de agresión a la conciencia de un Pueblo.

 

            ¿Quién no recuerda la reciente actuación de los gobernantes profesionales en el Ayuntamiento de Pamplona-Iruña, desoyendo al Pueblo, riéndose de vías democráticas como el referéndum, empeñándose por la fuerza y la sinrazón en construir un parking subterráneo en el corazón de la ciudad, llevando a escombreras de cercanías los restos, las reliquias de la Historia?

 

            De eso se trata, de vejar y mancillar la Historia. Mientras Yolanda Barcina actuaba como veladora del poder de mando de “Fomento y Construcciones y Contratas” (presidente Marcelino Oreja y dueñas, en parte, las hermanas Koplowitz), el autor material de la fechoría, Castrillo, es nombrado poco más tarde por la alcaldesa Director de Conservación del Patrimonio Urbano de la ciudad. De locos o de Alcatraz. A uno le cuesta desligar el origen de ambos de lo que están siendo sus actuaciones urbanísticas. Y como contera de burla en esta comedia, el manejable Corpas –antes activista del PCE, y ahora servil y monaguillo firmante de documentos redactados por otros–, a quien regalan una consejería como pago a sus vergonzosas actuaciones al frente de la Institución Príncipe de Viana y Museo Oteiza. Lo dicho: de psiquiátrico o de Alcatraz.

 

            De un lado vale el pesebrismo, y de otro, más barato, se invita a desconcienciados, como es el caso de Moneo, maestro en cubos y edificios contestados. A este reconocido arquitecto, aciertos aparte, se le encomienda la tarea de romper años de Historia almacenada en los muros del Palacio de los Reyes de Navarra. Así, le pagan y aplauden por una supuesta recuperación con resultado de suspenso. Otro cubo sin gracia, disimulado con pastiches, elementos pegados que no dan el pego que, para este tudelano podría representar un simulacro de lo que fue tan emblemático e histórico edificio, parte esencial de nuestra Historia como Reino. Desastre.

 

Más de cubos y desconcienciados

            Véase la muestra del Palacio de Congresos y Auditorium de Navarra, bautizado como “Baluarte”, obra del camaleónico Francisco Mangado, antes urralburista y ahora sanzista, que ha logrado la evidente fealdad exterior del edificio. Hubo seis proyectos al concurso, de los cuales cinco respetaban más o menos el conjunto histórico de la Ciudadela, especialmente en la parte no visible, el Baluarte de San Antón. Incluso uno de ellos se basaba en la recuperación parcial de esta parte del conjunto defensivo. ¿Saben qué proyecto fue el ganador? Precisamente el que machacaba la Historia, el de Francisco Mangado, que ni siquiera tenía en cuenta el baluarte. Ahora, para disimular, descubiertos a viva luz los restos, se dice que se ha respetado el sentir popular y se incorpora forzosamente una muestra mínima al proyecto definitivo.

 

            Asimismo, se ha eliminado toda expresión en euskera en exteriores e interiores del edificio, en la titulación de los distintos espacios y salas con nombres que no responden más que a un interés de despistar al bienintencionado ciudadano, en línea fiel con la estrategia global de esta derechona, obediente, sumisa y colaboracionista con Madrid. En cuanto a la designación de empresas patrocinadoras, se aplica el criterio excluyente frente a quienes no consideran sus amigos. Todo sea por tratar de arrinconar a los resistentes. Como dijo aquel iruñsheme, oberenista, dantzari y filósofo casero, Maxi Aramburu: “Somos como el corchico, pues cuanto más nos hunden con saña, con más fuerza emergemos”.

 

Adormecidos

            Podríamos añadir más depredaciones, como es el caso del yacimiento romano de Legarda que, “estudiado” por la empresa de arqueología Navark, no independiente y contratada por la constructora de la autovía a Logroño, la considera sin mayor importancia, permitiendo su enterramiento. Algo parecido a lo que sucedió con los restos hallados en la Plaza del Castillo, “estudiados” por Trama, empresa que se plegó a los intereses de Eysa, rama de aparcamientos de FCC. En ambos casos quien paga ordena que oculten y mientan.

 

            Pese a estos desaguisados, el pueblo navarro –salvo minorías- continúa en silencio, muy diferente, pongamos por caso, del pueblo aragonés, beligerante y activo contra el trasvase del Ebro contemplado en el Plan Hidrológico Nacional (agua del Ebro y su cuenca para el Levante, en perjuicio del campo aragonés) o en contra de la pretensión del alcalde de Zaragoza –del PP, como Yolanda Barcina- de construir un aparcamiento subterráneo en el Paseo de la Independencia, donde aparecieron restos arqueológicos de menor importancia que los de la Plaza del Castillo. En Zaragoza se frenó el proyecto.

 

            En Navarra hay demasiada anestesia para que el pueblo pueda despertar contra las barbaridades de Itoiz, Pamplona-Iruña o Legarda. Repasando la nómina de medios de difusión, el panorama es verdaderamente desalentador por la falta de honestidad e independencia profesional de sus responsables y la sumisión (véase contratos) de los periodistas a sus órdenes. El ejemplo más claro y conocido es el de Diario de Navarra. ¿Dónde está ahora José Javier Uranga, bajo sus seudónimos de Ollarra, Aritzona, Espectador, para defender a “su” Navarra del alma de la estrategia centralista?

 

            En la conferencia se mostraron muchas fotografías, con el denominador común de ruinas, montones de historia por los suelos, y palas excavadoras. Pero, pese a que el propio Uranga en otros tiempos fotografiara buena parte de ese mismo patrimonio haciendo honor a su valor monumental, hoy en día no dice ni “esta boca es mía”, descubriéndose como quien es: un sempiterno y furibundo manipulador de la verdad histórica y seguidor fiel de los enemigos de Navarra, como continuador de la españolidad más carca de su antecesor en la dirección del periódico, el madrileño Raimundo García (Gracilaso, Ameztia) co-responsable de la sublevación militar de 1936  que dio origen a una terrible Guerra Civil de más de un millón de muertos. Recuérdese que este medio escrito, hasta hace poco único influyente y adoctrinador, fue uno de los promotores de aquel desastre golpista.

 

            Al silencio cómplice de este medio anestesiante (algunos lo llaman “Diablo de Navarra”), hay que añadir la connivencia en fines de unas televisiones pertenecientes a grupos mediáticos de Castilla, a los que Navarra les importa un pito. Sumemos la televisión estatal, que sigue órdenes; unas emisoras de radio de reciente despegue que vienen pagando con generosidad el peaje de la concesión de licencia; y otra más, de la Conferencia Episcopal, mitad compartida con “Diario de Navarra”, y que babosea en cadena estatal con un turolense acomplejado al frente. En fin, toda una infantería de presión, una Brunete mediática bendecida por Josemaría y el caudillito Aznar.

 

La vieja táctica

            El ejemplo que exporta Cordovilla vale para el resto. En la contratación de periodistas y personal auxiliar, sean becarios, eventuales y aún más en el caso de los contratados a largo plazo –casi todos salidos de la Universidad del Opus Dei-, prima la condición fundamental de ser desconcienciado o ignorar la realidad histórica de Navarra, o aún mejor, la de aceptar como cierta la versión oficial actual, la de la cultura delburguista imperante. Una vieja táctica que bien saben montársela los estrategas.

 

            Navarra continúa como pequeño laboratorio de ensayo de Madrid. Utilizando las armas para cargarse aquella legítima explosión de carlismo en Montejurra, más tarde intentando reventar los Sanfermines y, ahora, con los herederos del franquismo exultantes, proponiéndose eliminar la historia, los signos de identidad, la cultura o la lengua de los navarros. Y los navarros, ejerciendo de “jabarros”, que diría José Antonio Iturri.

 

            Itoiz es un buen ejemplo para reflexionar acerca de dónde, cómo y con quién estamos. Mandan oscuros empresarios, promotores del pelotazo, poderes fácticos reales, una UGT oculta, y una amalgama maldita y nauseabunda en la que se entremezclan los intereses de un grupo mediático de presión con los estrategas españoles que comanda Jaime Ignacio del Burgo Tajadura.

 

            Y en estas estamos, soportando los golpes bajos de unos individuos, políticos, sindicalistas y amanuenses de la distorsión histórica, que nunca serán tenidos en consideración como navarros, sino como actuales soldados del ejército del Conde de Lerín, servidores y beneficiarios de poderes e intereses ajenos a Navarra. Sea “Sola o con leche” -que dijo Patxi Larraínzar- , seguid mintiendo y vendiendo a Navarra, seguid. Tranquilos. Hay muchos como el corchico.

Nabarralde