“CAZA DE BRUJAS”
Xabier Ezeizabarrena
Vivimos una situación de penosa caza de brujas impropia de una
democracia occidental y madura. Desde algunos gobernantes se continúa
fomentando con fuerza la lamentable costumbre de delatar, señalar con el dedo y
estigmatizar abiertamente aquellas conductas y/o pensamientos que resultan incómodos
a los ojos del pensamiento único.
Si alguien osa denunciar torturas por parte de los cuerpos policiales, la
Administración competente y la opinión pública mayoritaria discuten sobre la
verosimilitud o no de la denuncia; es decir, se cuestiona si la denuncia es o no
cierta en función de la procedencia del mensaje, mientras se rehusa cualquier
posible investigación. En idéntico sentido, es conocido y sorprendentemente
audaz el argumento de nuestros Ministros de Justicia e Interior: como siempre,
los presuntos terroristas o detenidos son los que aducen las torturas para
desviar la atención sobre sus acusaciones. Claro, si siempre son los mismos; qué
casualidad. ¿Es que alguien conoce a un denunciante de torturas que nos las
haya recibido en su condición de detenido? ¿Es que acaso quienes caminan
normalmente por las calles suelen ser potenciales denunciantes de torturas?
En fin, como quien denuncia es un presunto terrorista resulta obvio que
para la Administración competente sus torturas son imaginadas. De forma tal
que, como todo presunto torturado en España ha de ser un terrorista, las
torturas o no existen o es innecesaria cualquier investigación. ¿O es que
acaso en nuestro país la condición de presunto terrorista trae consigo la pena
accesoria y cautelar de no poder plantear denuncias verosímiles para su
investigación? En conclusión, es mejor no creer que investigar; por si acaso,
no vaya a resultar luego que algún presunto terrorista dice casualmente la
verdad. No, no, eso es imposible.
Claro que si no eres terrorista también corres el riesgo de dar
cobertura al terrorismo si, por casualidad, se te ha ocurrido creer en las
palabras de quien denuncia las torturas. Ahora ya no importa quien seas, ni si
se trata de una convicción personal o de una mera intuición psicológica. Si
crees en la verosimilitud de esa denuncia estás dando cobertura o crédito al
terrorismo (Rato dixit). Esto mismo, por cierto, es lo que le ha sucedido al que
fuera Alcalde de Barcelona. Tanto es así que su osado reconocimiento sobre la
posible verosimilitud de las también posibles torturas, le han convertido en el
último hereje vivo frente a la sacrosanta inquisición del patriotismo
constitucional.
Parece, además, que los temas vascos (pues ya no es el tema o el
conflicto sino una temática muy diversa) siguen dando de sí para mucho más de
lo imaginable y se extienden arbitrariamente por algunos hasta tocar Galicia por
el Oeste y el inminente conflicto bélico en Irak por Oriente. En estos casos,
el fenómeno vuelve a mezclarse con la corriente de delaciones practicadas desde
distintos ámbitos institucionales. Así, para algunos la plataforma Nunca Mais
ha iniciado un peligroso camino de batasunización del pueblo gallego, en su
lucha frente a la catástrofe del “Prestige”. Claro, como son muchos y salen
a la calle, son problemáticos; además hay vascos también protestando, luego
“tate” seguro que hay más de un radical y, por lo tanto, ya nos están
batasunizando Galicia.
Parecida demagogia se ha escuchado en las Cortes durante la intervención
del Presidente del Gobierno en su réplica a un parlamentario vasco en el Pleno
sobre el conflicto de Irak: como hay quienes están en contra de la posición
del Gobierno en este ámbito y casualmente también están en contra del cierre
de Egunkaria, el salto es poco menos que evidente; si Sadam Hussein es un
dictador terrorista vinculado a Osama Bin Laden y Egunkaria un periódico de
presuntos terroristas, al Gobierno le parece claro que quien no comulgue con sus
posiciones en ambos temas forma parte de uno de los dos conocidos entramados
terroristas del momento: el de ETA o el de Bin Laden, cuando no de ambos, por
supuesto. ¿O quizás son la misma cosa como incluso alguien ya ha sugerido?
En resumen, no se puede ser trabajador o colaborador de Egunkaria sin ser
presunto terrorista; no se puede estar integrado en Nunca Mais sin estar
batasunizado; tampoco se puede ser denunciante verosímil de torturas si uno es
presunto terrorista; más aún, no oses creer la palabra de cualquier presunto
pues ello te ubica en el lado de los terroristas. Una vez en ese lado, lo mismo
da Bin Laden que ETA, Sadam o cualquier vínculo del conocido entramado. Lo que
yo me pregunto es si se puede ser una persona normal y creer en todo esto. ¿Es
que alguien se lo cree? Menos mal que nos quedan las urnas.