Navarra, esa desconocida

José Luis García Falces

 

            A muchos les perecerá demasiado fuerte este título, pero es verdad si lo situamos en el periodo de tiempo comprendido entre 1512, fecha de la conquista del Reino de Navarra por Castilla, hasta 1841 en que pasa a ser provincia. Dicho período es poco conocido porque ha sido intencionadamente ocultado. Desde esta fecha no volverían a convocarse Cortes, ni la moneda se acuñaría, siendo la última en 1837. Y la palabra Fueros, en la Real Academia de la Lengua (1869), supone “privilegio o exención que se concede a municipio, provincia o persona”. Y el siguiente paso fue considerarlos impropios de un Estado moderno, por tanto su destino sería la abolición. Y así ha ocurrido y sigue acaeciendo; lo estamos comprobando con nuestros propios ojos.

 

            Se ha seguido sin cuestionar los argumentos usados por los defensores de la “Unión Feliz”, “Anexión voluntaria” –para crédulos y bobalicones-, “Pacto ex aequo” de Navarra con Castilla, (Estatua de los Fueros) sosteniéndose que tan solo hubo un cambio de dinastía. Y como escribiría el padre Mariana en su historia de España (1601) ”hasta el Papa con el colegio de cardenales, pronunció sentencia de excomunión contra el rey y la reina de Navarra y concedió sus tierras “al primero que las ocupara”.

 

            El asunto ya era viejo. En las Cortes de 1654 se expresa la queja de la ignorancia y desinterés en que está sumergida “nuestra historia, ya que la escriben quienes no la conocen”. Desidia que debe interpretarse como fundamento del temor por parte del poder castellano a que se divulgase el acontecimiento histórico de la conquista y sus consecuencias. Así se le impide a Ohienart, autor de la declaración “Histoire de l’injuste retention de la Navarre par les espagnols”, consultar los archivos de Navarra bajo el pretexto de ser “francés, enemigo de la corona”.

 

            Ignorancia que nos ha conducido a pasar de la consideración de “reino propio y distinto” que empleaba la Diputación en 1831, como expresión de soberanía, a ser traducido como privilegio.

 

            En 1512, Navarra es derrotada y se le arrebata los derechos que le asistían ante la Comunidad internacional de su tiempo. Aparentemente la situación jurídica se mantiene, como reza una de las tablas de bronce en el Monumento a los fueros. – “La incorporación de Navarra a la corona de Castilla fue por vía de unión principal reteniendo cada reino su naturaleza antigua así en leyes como en territorio y gobierno”-. Navarra sigue siendo reino, su estructura institucional y política íntegra, pero esto es una analogía supuesta, pues el territorio navarro permanecerá ocupado por un ejército castellano durante más de un siglo (copio de Maria Puy Huici). Y Florencio Idoate, bibliotecario de la Diputación, describe con detalle las cargas de sostenimiento del ejército castellano, los abusos y expolios de la tropa que recayeron sobre el pueblo.

 

            En el Archivo General, en la sección Guerra, hay constancia abundante de los desmanes cometidos en esta primera ocupación por los soldados y la oficialidad que la mandaba. Un siglo oscurecido por el silencio de los historiadores actuales -con la maravillosa excepción de Pedro María Esarte “Navarra 1512-15130…” (Pamiela 2001)-, y que sería oportuno fuese sacado a la luz, pues ello nos libraría de una vez para siempre de la ignorancia sobre nuestro pasado y ahuyentaría esa patética sombra de cainismo que nos visita de tiempo en tiempo. El Reino de Navarra tuvo tal valor estratégico que fue llamado en los textos políticos “llave de las Españas”.

 

            El hecho referido por Boissonade y otros, marca un hito que rompe la historia de Navarra. La represión que siguió fue dura y cruel, muchos navarros huyeron o fueron perseguidos por sus ideas, confiscados sus bienes, padecieron destierro y ejecuciones que se llamaban “castigos ejemplares”. Navarra, no obstante, siguió denominándose reino, pero como botín de conquista, sujeto a limitaciones que cercenaban su soberanía. La jurisdicción militar actuaba en contra de las Leyes y el Fuero, a pesar de las constantes protestas y “petición de reparación de agravios”. Peticiones que se atendían cuando lo eran, tarde y mal.

 

            Esta ocupación militar produjo como inmediata consecuencia la castellanización de los cargos claves del Reino. La Cámara de Comptos pierde el prestigio adquirido en la Edad Media con la conquista. Cuatro de sus miembros han de ser castellanos. Castellanos han de ser el Virrey y el Fiscal General. El consejo de proveer vacantes de la Iglesia de Pamplona lo ostentará la Corona de Castilla. Alcaides de las fortalezas, a pesar de que según el fuero han de ser navarros, lo son castellanos. Hasta el siglo XVII no llega un navarro a la sede Episcopal.

 

            Los intentos de recuperar el reino por parte de los reyes de Navarra se presentaron por los voceros de los conquistadores como invasiones de ejércitos franceses, pervirtiendo la verdad histórica.

 

            Así, hoy en día, al viejo Reino se le da el mismo valor estratégico por los gobiernos  centrales, haciéndolo servir de parapeto contra la onda expansiva y preocupante de la ideología nacionalista vasca. Y se sigue mintiendo y  malinformando.

Nabarralde