La Navarra de Francisco de Xavier

Pedro Esarte Muniain

             A través del limosnero festejo otorgado por el gobierno que rige la Alta Navarra, se trata de endiosar “la identidad, idiosincrasia, esencia, especificidad” y no sé cuántas leladas más, como fundamento del Ser navarro. Pero el navarro debe tener en cuenta que dichas definiciones se utilizan por su ineficacia y nula incidencia jurídica en el ámbito del derecho político. Y a tal efecto, durante todos estos días que debieron ser reivindicativos de la propia existencia, se han obviado las características que, como pueblo, nos pertenecen. Así, ni un recuerdo al Francisco de Xavier, el que vio a su padre degradado, a sus hermanos desterrados y a su patria ocupada. Ningún análisis del porqué renunció a su canonjía concedida en la catedral de Iruña, y su afincamiento en el Reino de Portugal. Pero la cosa es tan clara, como que prefirió servir al rey de aquel país, antes que hacerlo al que mantenía ocupada su patria.

            Este es un aspecto sobre el que nunca predicarán los gobernantes fariseos que nos toca sufrir. No pueden negar que Francisco de Xavier perteneciera a un pueblo (el vasco), tuviera una patria (Navarra) y fuera contrario a la ocupación de ésta por los españoles. Ellos celebran al Santo, le nombran patrono y ocultan sus ideales y sentimientos. Las ideas que mantuvo el exiliado navarro han de ser recordadas, pues su conocimiento revelará el cinismo de los actuales homenajes.

            Las palabras patria navarra, libertad frente a la España ocupante, poder decisorio para tomar decisiones a nivel patrio, han sido proscritas. Por el contrario, se dice que la especificidad navarra es ser española, que los navarros ya nos hemos autodeterminado, que el enemigo es el vasco (la bandera y la lengua son perseguidas), y que nuestro único lugar en la historia es España.

            Pero ante tanta degradación del recuerdo a un patriota mediante el mensaje manipulado, quiero hacer un corto recorrido histórico por su patria y por la de los navarros de hoy, en desagravio y homenaje a quien, como otros tantos, tuvo que morir fuera de la misma.         

            Hoy, el gallo de San Cernin dice haber descubierto que, genéticamente, los vascos nos dividimos en “vascos orientales, centrales y occidentales”, los navarros estamos como raza –según el Gallo- más próximos a los aragoneses que a los vascos occidentales, y somos separatistas de los vascos occidentales, aún dentro de España.

             Conviene pues, hacer un recordatorio de la existencia del único pueblo ibérico que subsiste después de las diversas invasiones. Cuando los romanos invadieron la península ibérica Roma también dio nombres a las regiones de Iberia; así, creó dos provincias que llamó Hispania Ulterior e Hispania Citerior. Esto nos lleva a concluir que Hispania (o las provincias que crearon los romanos con el citado nombre) nacieron provincias romanas, mientras Vasconia ya existía.

Los vascones, gascones,  várdulos, caristios y autrigones, es decir la Vasconia, no fue creación del Imperio Romano, sino que existía y siguió subsistiendo hasta el presente. ¿Alguien puede dudar de que los romanos vieran unas y otras definiciones, como algo más importante que la zona geográfica señalada en el mapa, que como territorio a conquistar y gobernar?

Los vascones, pueblo que se extendía a lo largo de todo el Pirineo, soportaron las invasiones de romanos, godos, islamistas, carolingios y francos. Es el único pueblo ibérico que subsistió, y si lo hizo fue a cuenta de ver romanizadas a Huesca, Calahorra, Jaca, y tantas poblaciones de la vega del Ebro. Después vinieron los godos, que nos arrebataron las regiones occidentales, y finalmente el rey católico tomó lo que quedaba en la zona peninsular de nuestro territorio. 

            Es lamentable que la pequeña porción que quedó al norte del Pirineo también perdiera su independencia ahogada por los dos ambiciosos Estados que nos fueron rodeando y carcomiendo en el transcurso del tiempo. Pero la ilusión y el ideal subsisten en el siglo XXI, y de ahí que el virreinato navarro actual, sea el más adicto y adepto de cuantos conoció la historia, el más rabioso contra la autodeterminación y el más fanático contra la lengua.

            Hasta el general de la última masacre de navarros (le podremos saber con maldad pero no con idiotez), tuvo frases elocuentes. Y hoy, cuando vemos cómo desde el propio poder trazan leyes para impedir la lengua, la expresión de sentimientos, e incluso las ideas (con eso de ser preventivos), aplicaremos una máxima del general, para que no nos arredre tantas batallas sufridas, porque al final ganaremos la guerra “ladran, luego cabalgamos”. Si no, tendremos que acudir a ti en oración, Francisco de Xavier, para que como Cristo, saques a cinturonazos a tanto fariseo de estos templos modernos, desde los cuales se labora contra tu pueblo, tan navarro como vasco, tanto monta, monta tanto.

Nabarralde