Nabarralde

Nabarra ere bai

 Luis Miguel Escudero Ansa. Periodista. (Olite/Erri Berri).

La aparición en la escena de la plataforma Nafarroa Bai evidencia las ganas que desde hace años tenía por emerger del fondo marino una amplia porción de la sociedad que vive en la actual Comunidad Foral y que es ignorada, cuando no marginada, por la Navarra sucursal de Madrid que históricamente ha gestionado la alternancia del liberalismo del PP (UPN) y la socialdemocracia del PSOE.

Por fortuna, si los sondeos no fallan, la representación parlamentaria no será en esta ocasión blanca o negra. Posiblemente la periodista Uxue Barkos aportará en Madrid nuevos colores para retratar lo que queda de un viejo reyno, aquel estado pirenaico de los Albret, que hoy no es ni sombra de su pasado.

Los partidos que aglutinan esta coalición nacionalista a la navarra, al menos los más importantes, beben sus fuentes del pensamiento de Arana. El mensaje sabiniano se ha estrellado muchas veces contra las urnas en la Nabarra oriental y ha evidenciado la necesidad de estructurar una nueva concepción del estado vasco del siglo XXI en torno a nuevos parámetros.

La nueva plataforma electoral Nafarroa Bai, que ha sabido escuchar un estado de opinión latente desde hace años que le pedía unidad, también tendría que estar en esta ocasión atenta a otras manifestaciones que últimamente se expresan en torno a la recuperación del antiguo Estado Nabarro. Un cuerpo político que se codeaba de igual a igual con Francia o Inglaterra, que tenía leyes, tribunales, fiscalidad y en definitiva una soberanía en forma de monarquía propia, hoy obsoleta, que los siglos de sometimiento no han borrado. Un camino ya trazado que no se puede desperdiciar.

Este movimiento rescatador, excesivamente intelectual e historicista en mi opinión, ha divulgado ampliamente sus postulados gracias a las facilidades que para su difusión ofrecen las nuevas tecnologías. Ha conectado con un respetable número de promotores de una idea que tendría ya que evolucionar. Y el desarrollo natural de todo proyecto colectivo no puede ser otro que la participación pública en los foros políticos, aunque ahora pertenezcan a los dominadores. Tarde o temprano, habrá que dar el salto del Nafarroa Bai al Nabarra ere bai. De momento los partidos tradicionales oyen el sonido del mar. En el fondo algo se mueve. Pero todavía es necesario que las olas salpiquen más.

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