Orreaga/Roncesvalles
¿Leyenda
carolingia o historia navarra?
Pedro
Esarte Muniain
Las referencias a la palabra Navarra como sinónimo de identificación subliminal y abstracta han llegado a las máximas cotas de simplismo auto-contemplativo. Y lo hacen en un momento en el que la podredumbre narrativa ha llegado a extremos de tergiversación comunicativa en la que parece haber redactores que tratan de mostrar que la cumbre de la noticia es convertir la leyenda en hecho histórico veraz.
El bufonismo empleado para presentar adornadas las falsas ideas promovidas desde un Poder, bien sea éste político, patronal, eclesiástico, etc., como válidas y verdaderas, está llegando al absurdo. El día 12 de septiembre leí en prensa, escrito por un cronista, que “La muerte de Roldán en Roncesvalles no deja de ser una leyenda, pero han quedado para la historia los lamentos desconsolados de su tío Carlomagno, cuando llegó a sus oídos la noticia del fallecimiento de su sobrino”. Quienes le pagan por divulgar esta cita sabrán porque lo hacen, pero no entiendo que siendo leyenda la muerte de un personaje, pasen a la historia real las lágrimas que se asegura se derramaron por ella.
Y es que ya sabemos que si se eleva el agua y se mantiene el puchero, el derrame es seguro. Veamos si no cómo se puede hacer del villano héroe y del territorio que difamó su cuna de exaltación. Los nombres de los héroes son Roldán y Olivares, y los habitantes del territorio en cuestión los entonces vascones y posteriormente navarros. El tema es tratado con toda autoridad en la “Biblioteca Básica Navarra”, patrocinada por la Caja A. “Navarra”, editada por el D. de “Navarra” y prologada por el responsable de la Univ. de “Navarra”.
Los citados héroes son titulados del “Roncesvalles Navarro”. La épica lirico-dramática proviene de la “Chanson de Roland” -que comenta a finales del siglo XI hechos ocurridos en el siglo VIII-; es recogida de un texto escrito en “romance navarro”, pero de origen desconocido, encontrado el año 1366. Los citados como héroes -incluido el monumento a Roldán en Roncesvalles-, no tuvieron mas relación con Navarra que la de encontrar la muerte cuando la invadieron.
El texto de la Chanson no menciona ni una sola vez a Vasconia o a los vascones (posteriormente Navarra y navarros), y sí lo hace varias veces a los moros para denigrarlos, dado que Carlomagno justificó la invasión de Vasconia por el espíritu de Cruzada de su campaña, aunque su objetivo fue territorial a todo lo largo del Pirineo.
Es por ello que, como vascón y navarro, considero un escarnio la cita por parte de tantos organismos que se dicen navarros a Roldán y Oliveros como héroes del “Roncesvalles Navarro”, cuando éstos fueron francos en su origen, su mito provino de un monje de su tierra, fueron cantados como carolingios, en lírica épica anglo-normanda y con motivaciones de conquista. La épica narrativa cantada, como relata el profesor Francisco Crosas, “canta las hazañas de los héroes, históricos o de ficción, que benefician con sus proezas o con sus sufrimientos a una colectividad: una familia, un clan, una tribu, un reino”. En este caso a los carolingios, que nada tienen que ver con los vascones navarros, que fueron quienes los sufrieron.
Es a éstos
pues, a los que a mi juicio. Corresponde elevar un monumento, al estilo que
hacen los Estados, al “navarro desconocido. Y para que el lector juzgue a Roldán
como héroe o villano y conozca la actuación de los navarros, recojo y traslado
al lector una versión coetánea (Annales Regii. Nuevos hasta 829), para que aprecie quién merece uno u otro título:
En
el mismo lugar (Paderborn) y tiempo vino a la presencia del rey un sarraceno de
Hispania llamado Ibm al-A rabi, con otros sarracenos amigos suyos, entregándose
junto con las ciudades que les había encomendado el rey de los sarracenos. Así
pues, el rey, concluida la mencionada reunión, volvió a la Galia y celebró la
natividad del Señor en la villa de Dutciaco...(año 777)
A
la sazón el rey, concibiendo, en base a las palabras del sarraceno, fundadas
esperanzas de las ciudades de las que se iba a apoderar en Hispania. Congregado
el ejército, se puso en marcha, y, superada la cumbre del Pirineo, en la región
de los Vascones, llegado primeramente a Pamplona, en la plaza fuerte, la recibió
en capitulación. De allí, atravesando el río Ebro por un vado, se acercó a
Zaragoza, ciudad principal de aquellas partes; y recibidos los rehenes que
ofrecieron Ibinalarabi y Abuthabur, y los que ofrecieron algunos otros
Sarracenos. Vuelve a Pamplona, cuyos muros arrasa a fin de que no pudiera
rebelarse y determinado regresar se internó en el paso de los Pirineos. Allí,
en lo más alto, los vascones, que estaban puestos en celada, asaltaron la
retaguardia, desordenando con gran perturbación y tumulto todo el ejército. Y,
aunque los francos se mostraban superiores a los vascones, tanto en las armas
como en los ánimos, quedaban inferiores por la desventaja del terreno y por
el desigual género de lucha.
En
este combate fueron muertos la mayor parte de los magnates áulicos, a quienes
el rey había confiado el bagaje y provisiones de la hueste; fue robada la
impedimenta, y el enemigo, bien conocedor del terreno, se dispersó en todas
direcciones. El dolor de este desastre nubló en gran parte, en el corazón del
rey, los sucesos felices realizados en Hispania.
Entretanto
los sajones, como quien ha alcanzado la ocasión, tomaron las armas y marcharon
hacia el río Rin... Como el rey hubiera recibido la noticia de este asunto en
la ciudad de Autesiodoro... Año
778”. A pesar de que los relatores no fueron nuestros, la situación y
responsabilidades quedaron bien definidas. Se trata pues de ir preparando el
monumento al combatiente desconocido.