Nabarralde

 

Navarra y los partidos abertzales 

Iñaki López de Sabando. Presidente del Concejo de Karkamu (Araba)

 Si llevamos a cabo una reflexión sobre la postura de los llamados partidos políticos nacionalistas vascos, en relación con la existencia del Reino de Navarra, obtendremos, al menos, unos resultados inquietantes.

Así, cualquiera pensaría que la recuperación del Estado de Navarra, el estudio y divulgación de su existencia a lo largo de la Historia de Europa y la reivindicación del reconocimiento del derecho a su existencia en la actualidad, por encima de las fronteras impuestas por los actuales Estados Modernos, debiera concitar el entusiasmo entre las filas de los militantes de dichas organizaciones políticas y, sobre todo, entre sus dirigentes.

Sin embargo, vemos que no es así, y que los partidos llamados nacionalistas vascos, no solamente no apoyan estas reclamaciones, sino que incluso las desprecian y las procuran acallar por todos los medios a su alcance.

Esto es así debido a una serie de complejos y de conveniencias inconfesables, puesto que, para algunos, es muy difícil asumir los errores del fundador de su partido, aunque hoy no hagan más que daño a la causa. Para otros lo difícil es asumir que, si defienden estos postulados, se pueden quedar sin las cuotas de poder y las prebendas que hoy ostentan con el beneplácito del poder ocupante. Para otros, por último, se hace cuesta arriba empezar de cero su discurso político, que queda vacío.

Desde aquellos que propugnan una Euskadi que solamente ha existido en la mente de quien la creó, pasando por los que reclaman la construcción nacional, olvidando que, en todo caso, habría que hablar de reconstrucción, y terminando con aquellos que propugnan el reconocimiento del derecho de autodeterminación, todos se encuentran incómodos ante el discurso de personas y organismos que mantienen estos postulados.

Postulados que no son otra cosa que el reconocimiento de la realidad de la existencia en la Historia de Europa del Reino de Navarra, único Estado Vasco reconocido internacionalmente, con sus territorios al Norte y Sur de los Pirineos. Una vez admitida esta existencia, ampliamente probada en infinidad de documentos históricos y no negada sino por analfabetos de la Historia y políticos interesados, se pretende su rehabilitación como un Estado actual por las Naciones de Europa dentro de su seno, tal y como ya se ha hecho con las Repúblicas Bálticas, Chekia, Eslovaquia, Croacia, Eslovenia, etc.

En esta tesitura no tiene sentido hablar de una nación que nunca ha existido (Euskadi) ni de construcción nacional  de la misma, sino de reconstrucción nacional de Navarra.

De la misma forma, tampoco tiene sentido reclamar el derecho de autodeterminación, asumido como un referéndum en el que participen los actuales habitantes de la Navarra íntegra, y ello porque las actuales circunstancias no son objetivas, después de 500 años de ocupación  que se ha interesado en subvertir el orden cultural y la identidad social, sobre todo en los últimos 65 años. Sin olvidar la facilidad que tienen los ocupantes en falsear los resultados que se obtengan, como ya hicieran con motivo del referéndum para la aprobación del Estatuto de Estella, como demostrara en su día el recordado Jimeno Jurío.

Así como no ha sido necesario consultar a la población en casos como la desmembración de la República Checoslovaca, para crear los Estados Checo y Eslovaco, ni en la declaración unilateral de independencia de las Repúblicas Bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, dado que simplemente se trataba de volver a una situación anterior, preexistente en la historia, de la misma manera no es necesario ningún referéndum para volver a su ser el antiguo Reino. Simplemente basta con el reconocimiento de la comunidad internacional y la voluntad de sus dirigentes.

En este camino no tienen cabida Parlamentos artificiales creados para la conveniencia de quienes los ocupan, ni organizaciones administrativas ajenas a las del Reino Navarro. El camino pasa por recuperar nuestras propias instituciones, desde los Concejos, hasta la Cámara de Comptos, y dotarlas de sus competencias y atribuciones como históricamente las han venido desempeñando.

De esta forma, aquellos que hoy viven de lo que les permiten, magnánimos, los ocupantes, perderían sus prebendas y, posiblemente, el tren de vida que llevan en la actualidad. Eso es lo que les preocupa, no el porvenir de Navarra, sino el de su bienestar.

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