HEMEROTECA: GARA 15/10/03 |            Iritzia > Jo puntua

 

 

Sin alas no es pájaro

 

Joxerra Bustillo - Periodista

 

Verano de 2002 en la Comunidad de Albarracín. Fiesta de la trashumancia en Guadalaviar. En el escenario, Eths Bandolets, un grupo de La Bigorra, en el Pirineo, que canta a capella. Entre el repertorio popular, salta la sorpresa: "Txoria txori", en una versión enorme, distinta a todas las escuchadas. Momento que me ha venido a la cabeza por la utilización de la música de Mikel Laboa en la película de Medem.

 

En el centro de la cuestión vasca, hoy más que nunca, la encrucijada sobre el pájaro y sus alas. Si renuncio a alguna de ellas, tendré el ave, pero ya no será un pájaro, y yo al que quiero es al pájaro, o pajáro, como pronunciaban en su improvisada traducción los amigos de Eths Bandolets.

 

La comunidad cultural conocida como Euskal Herria, cuya máxima expresión política es el Estado europeo de Navarra, tiene unas pocas señas de identidad, unas pocas alas que permiten que pueda seguir volando, aunque sea a trancas y barrancas. Si renunciamos a alguna de ellas, es posible que nos sea más fácil la vida, que estemos más cómodos, que tengamos menos problemas, pero, al final, lo que habremos hecho es tirar por la borda nuestra misma esencia de pueblo, ni mejor ni peor que los que nos rodean, pero distinto.

 

Si renunciamos al euskara, si hacemos tabla rasa de nuestra historia milenaria, si aceptamos la partición de nuestro suelo en trozos, si permitimos la destrucción de Ama Lurra, si cejamos en la defensa de nuestros derechos... nos quedaremos con un pájaro sin alas, que en su día voló, cantó, atravesó nuestros campos y alegró nuestros sueños, pero que se habrá transformado en un monstruo deforme, en una pesadilla de la que no podremos escapar.

 

Si no queremos que nuestro país se convierta en algo así, debemos empezar desde ya a trabajar por la consecución del pájaro al que aspiramos. Hay muchas clases de pájaros, de vuelo más alto y de vuelo bajo, de muy diferentes colores, con distintas costumbres, que anidan en árboles o en zarzales, pero todos son pájaros. Eso es lo decisivo. Entre todos aquellos grupos, agentes, personas, asociaciones que estén de acuerdo en salvaguardar el pájaro de Euskal Herria, habrá que conformar una profunda discusión, dejando a un lado décadas de desencuentros, rémoras, nostalgias y utopías de lo que pudo ser y no ha sido. Un debate nacional que de una vez por todas nos ponga en la estación de salida para un viaje que nos lleve definitivamente a la libertad. Si nos lo creemos, lo conseguiremos.

Nabarralde