Nabarralde

Navarra es vasca 

Gerardo Luzuriaga, Gasteiz 

            Es difícil nadar a contracorriente, no es fácil avanzar contra el viento; pero a pesar de todo ello hay veces que es necesario hacerlo o por lo menos intentarlo. No siempre los vientos, las corrientes, llevan la dirección apropiada para conseguir los objetivos ansiados.

            Vivimos tiempos, como han existido otros muchos a lo largo de la historia, en que proliferan políticos e intelectuales sin metas definidas,  personas que se dejan arrastrar por las suaves corrientes de las aguas, encontrando siempre las palabras oportunas, moldeando sus pensamientos de acuerdo con las políticas dominantes del momento, para acabar siendo los pilares del sustrato cultural del poder político.

            Lo expuesto hasta ahora no es nuevo, y Navarra no es una excepción. Los mismos historiadores que hace unos años, no muchos, defendían unas ideas, defienden hoy las contrarias sin ningún rubor; por otro lado, es notorio la aparición en estos últimos años de nuevos intelectuales hermanados con el poder.

            La historia, desde mi punto de vista, es clara. Navarra es y ha sido vasca. Sin olvidar que la historia es historia, que los acontecimientos históricos y las experiencias del pasado no tienen por qué marcar necesariamente el futuro de un pueblo.

No tengo la intención de aburrir a los lectores con datos de erudición, por otra parte expuestos por célebres historiadores: Jimeno Jurío, Sorauren, Esarte…

            Estas líneas no tienen otra intención que exponer una serie de ideas de sobra conocidas con palabras sencillas que puedan ser entendidas por todos aquellos que quieran.

            Imposición de unas ideas ajenas

 Siglo tras siglo, en Navarra, por medio de la invasión, la presión política, económica y social se van imponiendo ideologías y costumbres foráneas. En el Siglo XVI Navarra y los navarros sufrimos la anexión y la invasión de nuestro territorio por parte de nuestros vecinos. Una vez derrotados, sus historiadores y los intelectuales unidos al poder, se han encargado de contarlo a su manera, y así nos ha llegado a los propios navarros. La anexión de Navarra por las tropas castellanas ha sido considerada como buena y positiva para los propios navarros; como si los invasores nos hubiesen dado la libertad, nos hubiesen transmitido la cultura y la civilización. Por desgracia la realidad no fue así. Miles y miles de navarros murieron en los campos de batalla; otros muchos por defender sus haciendas, su idioma y sus costumbres sufrieron tortura y destierro. Hoy sabemos que, como todas, fue una guerra cruel, en la que nuestros antepasados se resistieron, resultaron perdedores y todavía hoy estamos sufriendo las consecuencias. Sin duda, supuso un duro golpe para nuestras instituciones, identidad, lengua, costumbres e historia.

Más cercana y por lo tanto más presente tenemos la guerra fratricida de 1936, en la que padres e hijos se encontraron en bandos contrarios. Defendiendo ideas diferentes. Tal vez por ello se hizo famosa la frase de uno de los generales más influyentes del bando vencedor y muy conocido por estas tierras: "yo veo a mi padre en las filas contrarias y lo fusilo". De sobra es conocida la represión ejercida por los vencedores de esta guerra, no sólo por las investigaciones históricas realizadas (el grupo Altafailla ha detallado con nombres concretos 2.789 fusilados entre republicanos, socialistas, comunistas, nacionalistas y anarquistas, en definitiva izquierdistas defensores de las ideas vasquistas), sino esencialmente por lo que nos ha tocado oír directamente de nuestros abuelos, padres, familiares y vecinos.

No ha sido necesario vivir la guerra para sentir el miedo. Cuántas veces hemos escuchado historias sobre la división de familias enteras, torturas, asesinatos, la llegada del famoso coche de la muerte. La frase más repetida en nuestras casas ha sido: "hijo, no te metas en política, que no trae nada bueno". En efecto, tanto la invasión del siglo XVI, como la última guerra no han traído nada bueno. Por el contrario nos han originado desgracia, sufrimiento y, entre otras cosas, han acelerado la pérdida de nuestra lengua y costumbres.

 Progresiva pérdida de la lingua navarrorum

Tampoco en este caso es mi intención aburrir con una relación extensa de casos con los que se demuestra que el euskera ha sido la lengua habitual hasta no hace mucho en Navarra. La existencia de estos documentos es mucho más importante de lo que los ciudadanos de a pié podamos creer a primera vista. Que en un pueblo como Zufía aparezcan unas actas de matrimonio redactadas en euskera, que los vecinos de un pueblo de la merindad protesten porque el cura  no conoce el idioma y no pueden tener una relación normal, que pueblos como Gares a mediados del Siglo XIX fuesen euskaldunes, repito, es de suma importancia. Por un lado demuestra que en zonas que hoy ni los mismos habitantes se lo  pueden creer, en época no muy lejana, el idioma habitual era el euskera, es decir, la lengua de los navarros. Por otro lado, la redacción documental de este tipo de documentos en lengua vasca refleja que en estas zonas existía una honda preocupación por parte de la población, que era consciente de la pérdida cultural que se estaba produciendo, y que hicieron todo lo posible para que su lengua propia no desapareciese. Me ha tocado rastrear documentación variada del Archivo Provincial de Protocolos de Oñati, y a pesar de que la población a la que se refiere la documentación de tal archivo era euskaldun -es más, la mayoría no tenía ni idea de castellano-, no he encontrado documentos parecidos redactados en euskera o que tratasen sobre este tipo de conflictos lingüísticos; sin duda alguna porque no existía necesidad alguna de reivindicar el uso del idioma, porque no existía peligro de desaparición.

              Asímismo, a finales del Siglo XVI, conocido es el documento donde en 1587 se establece la frontera lingüística en Tierra Estella a partir de Acedo, Ancín, Mendilibarri y Ayegi hasta Oteiza, es decir que estas poblaciones y sus colindantes hablaban en esta época en lengua vasca.

            La realidad es que en otras zonas de Navarra donde no sabemos concretamente cuándo se perdió el euskera,  la toponimia, los apellidos, vestigios y costumbres que se siguen conservando son vascos. Citaré el caso de Nazar, no por ser especial, sino simplemente porque es el que mejor conozco. Se trata de un pueblo más del Valle de la Berrueza en la Merindad de Estella, zona fronteriza con Castilla. Hoy es el día en que los vestigios, topónimos, infinidad de palabras vascas que perduran en el habla habitual y los apellidos de sus habitantes demuestran claramente el pasado euskaldun de la zona;  a pesar de que el idioma vasco parece que se perdió hace varios siglos. He aquí la relación de apellidos del pueblo de unos 70 habitantes: Acha, Bujanda, Segura, Landa, Luzuriaga, Ibarrola, Pipaón, Cirauqui, Lander, Zudaire, Yániz, Montoya, Arbeo, Romero, Ule, Morrás, Lacalle, Antoñana, Zugasti, Delegardón, Ganuza, Albéniz, Aranaz, Ortigosa, Echeverría, Piérola, Monreal, Fernández y Alvárez. Creo  que he citado todos.

Identidad distinta basada en el idioma vasco

 Es necesario ser optimista, pero también realista. Ha sido todo un triunfo haber mantenido una identidad diferenciada del resto de los pueblos limítrofes durante tanto tiempo y en circunstancias tan adversas. Sin duda alguna el acierto ha estado en la aceptación del pluralismo cultural, lingüístico e ideológico de lo que supone el pueblo navarro. El fundamento ha sido el idioma vasco y todo aquello relacionado con él.

De todas maneras los tiempos han cambiado, nada es igual. El peligro de desaparición del idioma vasco y del sentimiento de ser vasco es una realidad evidente hoy día. Yo mismo, hace 20 años me sentía igual, por no decir bastante más vasco que hoy; a pesar de que hace 20 años no sabía euskera y hoy no tenga ningún problema para relacionarme en esa lengua. ¿Con la presión ejercida por la derecha navarra podría decir y pensar lo mismo ahora?

La derecha navarra en estos años que lleva en el poder, con el inestimable apoyo de la mencionada maraña de intelectuales, está intentando extender en la sociedad navarra la idea  de que todo lo que tiene que ver con lo vasco es contrario a la identidad de Navarra. Oponiendo lo vasco a lo navarro. Cuando en realidad a lo largo de la historia ha sido lo mismo y nunca se ha podido diferenciar.

            Hoy, los defensores de la política antinavarra y antivasca defienden ideas que saben que van en contra de Navarra; pero que con la suficiente dosis de propaganda pueden ir calando en la sociedad:

Si no sabes la lengua vasca no tienes ni has tenido nunca nada que ver con la cultura vasca. Afirmación que ni el mismísimo Franco hubiese sido capaz de mantener.

Si sabes la lengua vasca, especialmente si la has aprendido estos últimos años no tienes nada que ver con Navarra. Has optado por una opción política radical que nada tiene que ver con la Navarra moderna y democrática.

Así de frío y crudo lo exponen. Navarra considerada en conjunto no tiene nada que ver con lo vasco, ni tiene ningún componente vasco. La cultura vasca es considerada como algo extraño y enemigo, que es preciso hacer desaparecer con el tiempo. Y se acabó. No existe otra política que la del avestruz.

Los tiempos han cambiado y para peor, creo. Atrás se quedaron los tiempos anteriores a la guerra, donde las declaraciones del Conde Rodezno, Víctor Pradera o Eladio Esparza, dirigentes derechistas, defendían la pertenencia de Navarra a la Comunidad Vasca. ¿Dónde se ha quedado la época en que el vasquismo y la defensa de la cultura vasca era patrimonio de la derecha?.

             Política errónea se mire de donde se mire

             UPN, aprovechándose de las circunstancias políticas actuales, quiere acabar con todas las huellas propias navarras, renunciando y rechazando todo lo que huela a vasco. A pesar de que a corto plazo parece que le esté resultando rentable, está por ver si en el futuro esta ofensiva al idioma, a la identidad propia y a los elementos culturales vascos no se volverá en contra de sus propios impulsores.

            Es necesario tener en cuenta que en el ámbito europeo no se entiende cómo se puede decretar poco a poco el exterminio de una de las lenguas más antiguas del continente. No se entiende cómo no se cuida y fomenta la conservación de un patrimonio lingüístico y cultural como el nuestro.

            Igualmente se puede decir que en el ámbito estatal Navarra es la excepción.  Es preocupante -y no me explico cómo muchos navarros no hemos caído en la cuenta-, que las distintas Comunidades Autónomas del estado español gobernadas por la derecha, con un idioma y unas costumbres propias al resto de los territorios españoles, llevan a cabo una política completamente distinta a la de los gobernantes navarros. Pongamos por caso los ejemplos de las Comunidades Autónomas de Valencia, Mallorca o Galicia. En la que los gobernantes de estas Comunidades Autónomas han optado por potenciar, fomentar y mantener el idioma y costumbres peculiares como pilares básicos de sus Comunidades respectivas, lo que les hace posible seguir manteniendo una identidad diferenciada del resto de los territorios del estado español, sin crear ningún conflicto político, lingüístico, ni ideológico; siendo éste uno de los puntos básicos para seguir manteniéndose en el poder.

            No es necesario recordar que en las citadas Comunidades Autónomas se potencia el idioma propio. Se ha decretado la cooficialidad del idioma, se ha legislado de forma y manera que las costumbres del país se sigan conservando. Se ha normalizado el uso del gallego o catalán como lengua propia y oficial de las distintas administraciones. A pesar  de que en una de ellas el presidente de la Xunta sea Manuel Fraga Iribarne.

            Es necesario tener en cuenta que en estas Comunidades, además de mantener y asegurar la pervivencia del idioma, se ha evitado la confrontación política de la población. Todo lo contrario de lo que ha ocurrido en Navarra, donde la fracción dominante, sin consulta alguna al pueblo, es decir, de espaldas a la población, sin duda por miedo a lo que hubiésemos podido votar en las urnas en aquellos años de 1977, optó por acabar con los signos de identidad propios navarros. Yo, personalmente, estoy convencido de que en aquellos años la mayoría navarra estaba de acuerdo en mantener y potenciar de raíz el euskera y el sustrato vasco tan deteriorado a lo largo de los siglos debido al abandono y ofensiva sufrido por parte de la administración.

Se cometió un error en 1977, y se sigue cometiendo un error hoy en día cuando los gobernantes aborrecen y atacan todo lo vasco. A pesar de los políticos, de los intelectuales vinculados al poder, y de tener que  nadar contracorriente según los datos de las elecciones, teniendo en cuenta las ideas de los partidos políticos un 30% de los electores se sienten vascos. Cifra que sin duda, sería mucho mayor si se hiciese una encuesta sobre el tema. Navarra es y ha sido vasca.

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