Agurtzane Uriarte Bustinza
Seguramente tocaron el timbre pero no lo oí, oí la voz de Xabi en la puerta de mi habitación, estaba muy nervioso, “Agur, Agur ”decía. Lo siguiente que vi fue a Xabi entrando por la puerta con los brazos en alto y con tres o cuatro armas apuntándole. De aquellas armas salían focos que revisaban todo. Creo que preguntaron si había alguien más y respondimos “no, no hay nadie más”. Nos llevaron con ellos mientras registraban todas las habitaciones de la casa. Luego nos llevaron a la cocina y nos dijeron que escucháramos. Me leyeron la orden de detención, pero sólo la mía, seguro que pensaron que Xabi estaría en Bilbo con Aritz, y no tenían su orden de detención en Lekeitio.
Eran guardias civiles, unos vestidos de verde y con la cara al descubierto y otros con chaleco y capucha negra, en ellas ponía algo así como SIGC. Una mujer me leyó la orden, creo que dijo que venía de la Audiencia Nacional. Había otro hombre con ropa de calle que parecía ser el que lo controlaba todo. No utilizaron la violencia, al revés, en casa fueron muy educados. Me llevaron por todas las habitaciones y me trajeron una silla para que me sentara, alguien me dijo que tenía que estar presente en todo el registro, mientras la chica lo apuntaba todo. La ultima habitación era la de Xabi y Aritz y en aquella los dos estuvimos presentes. Uno de ellos, con capucha y chaleco SIGC, leía todo lo que estaba en euskera y decía lo qué era importante y lo que no. Había otro que también leía ciertas cosas pero generalmente se las pasaba al primero. Después de revisar toda la casa y el camarote y de precintarlo, bajamos. Entonces me di cuenta de que quitaban el precinto de las mirillas de los vecinos. No hubo testigos.
Me introdujeron rápidamente en el coche y no pude ver nada, puesto que me ordenaron que bajara la cabeza y cerrara los ojos. En el coche había cuatro guardias civiles. Yo estaba en la parte de atrás con dos de ellos. Creo que estos dos no estuvieron en casa, puesto que no reconocí su voz. No se refirieron en ningún momento al registro de la casa y los pantalones eran de calle, no llevaban uniforme.
Al principio pensé que registrarían el coche, puesto que en casa hicieron algún comentario al respecto. El coche se encontraba enfrente de la casa de Joserra y como no me llevaron pensé que él también estaría detenido.
Nada más introducirme en el coche, uno de ellos me dijo. “Hola Agurtzane, ¿qué nos cuentas?”(Esto me lo dijo el que se encontraba a mi izquierda, que era el que más hablaba). “Ya sabes quiénes somos no”? Les respondí que sí, y “con nosotros no se puede bromear, ya lo sabes, no?” A lo que otra vez les respondí que sí. “Tranquila, tenemos cuatro largas horas, tendrás tiempo para contárnoslo todo”. “Bueno y ¿qué nos cuentas?”.Yo les respondí que no sabía nada y que no tenía ni idea de lo que querían. Entonces comenzaron a insultarme y a golpearme, “hija de puta, zorra, ¿tomándonos el pelo? ¿Tu qué te crees, que detenemos a la gente sin que haya hecho algo?” “Nosotros no somos como la Ertzaintza que detiene a la gente y a los pocos días la suelta. Nosotros lo sabemos todos y luego venimos a por la gente, pero no todo el trabajo lo hacemos nosotros. Nosotros lo sabemos todo, pero tú tienes que contarnos todo lo que sabes y así el viaje será mas tranquilo. Si no, esto no ha hecho más que empezar, todavía no ha habido más que unos golpes en la cabeza, pero esto no ha hecho más que empezar. Estamos deseando parar y hacer contigo lo que nos venga en gana y después dejarte en el monte. Y ya sabes que para nosotros eso es fácil. Vosotros pondréis las denuncias y eso, pero ya sabes que al final no valen para nada. Recuerdas el caso de Basajaun ¿no?” Yo no respondía. Entonces me dieron un montón de golpes y al final “sí, sí me acuerdo” respondí. Y ellos otra vez “Mira de aquí en adelante tendrás que responder todas las preguntas, si no empezaremos a jugar a otro juego. A ver, abre las piernas” y yo las puse duras. “¿Qué estas haciendo puta?”, me dijo, mientras con sus manos me abrió las piernas y luego pasó sus manos por mis pechos, por encima de la ropa. Entonces el que estaba a mi derecha dijo “mira cómo nos vamos a poner al final y la culpa de todo no la tienes más que tú”. Me llamaban Agur, y así no me llaman más que mis amigos, los desconocidos me llaman Agurtzane. Yo odiaba que me llamaran Agur, entonces me di cuenta de que habían estado cerca de mí, o quién sabe, podían haberme escuchado por teléfono.
Era el de mi izquierda el que llevaba el juego. Me hablaba al oído, “Lo que voy a disfrutar contigo, a ver qué tetas tienes...” y miraba por el cuello de mi camiseta. Yo, cuando me hablaba al oído, apartaba la cabeza de él, entonces me daban fuertes golpes en la cabeza, (normalmente los golpes me los daban los dos) “Cuando te esté hablando no muevas la cabeza, empieza a hablar...”. Yo empecé a llorar, intentaba dar la imagen de estar mal, a mí generalmente me cuesta mucho llorar, no sé por qué, quizás porque el año pasado, por motivos personales, ya lloré suficiente, además en aquel momento tenía mucha rabia y por mi cabeza pasaban respuestas para todo, algunas veces se me escapaban, recibiendo fuertes golpes en la cabeza. “¿Qué has hecho? Cuéntanos” me decían y yo, “vosotros sabéis por qué estoy aquí, yo no he hecho nada, ¿qué queréis que os cuente?” Entonces comenzaba a gritar el copiloto “puta como no comiences a hablar, paro el coche ahora mismo y te doy unas buenas ostias!!” .Mientras tanto los que iban detrás conmigo seguían golpeándome en la cabeza. Hacían como que paraban el coche, “aquí, aquí éste es un buen sitio” y ya casi cuando habían parado, lo ponían en marcha otra vez. “Ahora o más tarde, tendrás que hablar, ¿sabes a quién más hemos detenido?” Y yo, “no, cómo lo voy a saber”. Me gritaban que me callara y me volvían a golpear. “Pues sí, hay un montón de gente detenida, todos, ¿no oíste las noticias de ayer o qué?” Y yo que no, casualidad que la noche anterior llegué tarde a casa. “Pues sí, hemos detenido a gente aquí y en Francia, ¿sabes que también hemos detenido a Joserra?” Y yo, que no lo sabía. “¿No lo suponías?” Y yo “no, yo no sé nada, ¿por qué me traéis?” “No sabes nada, eh Agur ? Venga....” y me pasaba la mano por la nuca, moviéndome la cabeza de un lado a otro., “Bueno, y ¿a dónde viajas últimamente? Cuéntanos. “No voy a ningún sitio, estoy en la ruina y además siempre estoy trabajando”. “Pobre, y ahora encima esto. Bueno, pero ya viajas a algún sitio últimamente ¿no? Venga cuéntanos cuál ha sido tu último viaje”. Y les conté que había ido con un grupo de montañeros a Salamanca, ellos me preguntaban con quiénes había ido, de dónde eran, nombres, por qué había ido con ellos... y yo comencé a contarles todo, que un amigo quería ir al monte y que fuimos con su grupo de montaña, les di nombres y también los apellidos, aunque no los sabía, me enrollé, pensaba que quería ganar tiempo, pero no sé por qué. Comenzaron a preguntarme a donde había ido la vez anterior. Les respondí que había ido con ellos, que dormimos en un pueblo cerca del monte Larrun, para ir al monte Ori... “Sí, sí creeremos que sólo fuiste al monte, pero algo más harías ¿no? Sigue, sigue contando” seguían preguntando. Les conté que en vacaciones fuimos a Marbella, con mis amigos, que los padres de un amigo tienen una casa, pero que no hicimos gran cosa, que todo el día estábamos en la piscina... “sí, sí, seguro que en Puerto Banús aprovechaste para conseguir un poco de información, ¿no bajasteis nada?” Seguían preguntando... dándome un montón de golpes en la cabeza, “ya vale, nos has aburrido con tanta cháchara, empieza a bajarte los pantalones” me ordenaron. “Pero, ¿por qué?, ¿que queréis?” les pregunte, estaba llorando, no podía parar y no me bajé los pantalones. “Te he dicho que te bajes los pantalones y las bragas!” Me gritó uno de ellos, y yo les dije “Pero ¿qué queréis? Yo no he hecho nada, y además estoy con el periodo”, “joder , nos va a ensuciar todo el coche, déjalo así” dijo el que estaba sentado a mi derecha, “da igual, el coche es del cuartel y ya lo limpiaran!” dijo el otro.”Venga, ¿dónde estuviste hace dos semanas?” Y entonces recordé que había estado en Asturias, en la cárcel, visitando a un amigo, no lo recordaba. “Mira cómo empiezas a recordar, ¿eh?. Y antes, el año pasado otras salidas.....” y comencé a decirles “a Gipuzkoa, a Iparralde también....” “Ah! Iparralde ¿eh? Y con quién has ido a Iparralde y ¿para qué? ¿Con quién habéis estado?”. Les dije que había ido con Joserra, dos o tres veces... “¿Puedo ponerme los pantalones?” les pregunte, “Si anda póntelos, me das asco!” Y bueno, todo el viaje fue así más o menos. Más tarde, les llamaron por teléfono y comenzaron a golpearme en la cabeza otra vez, amenazándome. Me dijeron que me bajarían en el monte y que comenzara a hablar, que Joserra había dicho todo y que con una pareja era muy fácil, a ver si no me daba cuenta, que si no era uno era el otro el que hablaba... que había empezado a tomarles el pelo y que comenzara a hablar, que si no en las celdas de Madrid habría mucha gente y que lo pasaría muy mal, que si conocía sus métodos, la bolsa, electrodos... Yo comencé a llorar y les pedía que me dejaran en paz, que no había hecho nada...
Cuando llegamos a Madrid, siempre con los ojos tapados, me obligaron a bajar muchas escaleras, al final tenía que bajar mucho la cabeza. Ellos me decían cómo me tenia que mover, primero a la derecha, luego a la izquierda. Pero creo que no había ninguna necesidad de hacer nada de eso, puesto que los siguientes días no me obligaron a hacer nada de eso. Lo de bajar la cabeza sí, puesto que había un poste desde el techo que me llegaba hasta el cuello, por el que me hacían pasar, pero creo que era para hacerme desorientarme.
Me metieron en una celda y me obligaron a estar de pie contra la pared, las manos las debía de tener todo el rato de cintura para abajo y no me podía apoyar contra la pared. Me quitaron la chamarra, sólo tenia una camiseta y tenía frío. Miré hacia atrás en una ocasión y una voz de mujer me dijo “como te vuelvas a mover entramos ahí y no lo vas a pasar nada bien”. Si apoyaba los brazos en las caderas me decían que los bajara, daba la impresión que por la ventanilla que tenía la puerta, alguien estaba mirando constantemente.
No sé cuánto tiempo después vinieron a buscarme, y me llevaron a una habitación. Otra vez esa especie de laberinto, un pasillo bastante largo y a la izquierda. Me hicieron sentarme en una silla, mirando a la pared. Me cubrieron con una manta y la envolvieron con precinto. Como no hablaba, me pusieron una bolsa en la cabeza, no sé cuántas veces, decían que eso me atontaría, que me faltaría oxígeno en la cabeza y que ellos llegarían hasta que yo quisiera, que estaba en mis manos. Después de eso, me quitaron todo y me obligaron a hacer flexiones, de pie y en cuclillas. “No dices más que tonterías,” me decía el hombre que tenía a mi izquierda en el coche, que era una gudari y tenía bien aprendido el manual, que él querría un amigo así, que le gustaba la gente como yo y que se lo pasaría muy bien conmigo, que siguiera así... Entonces me agarró de la nuca y me masajeó. Me dijo que no contaba nada y que estaba muy enfadado, que tenía que dar cuentas a su superior, que si no tendría problemas y que no tenía más remedio que llamar a los verdaderos torturadores.
Volvieron a llevarme a la celda, pero al poco tiempo, me llevaron a otra habitación. Me daba la impresión de que todas las habitaciones eran iguales, no muy grandes, de unos 5 o 6 metros cuadrados, y en algunas había una mesa. En éstas, nos colocábamos en la otra punta de la mesa, siempre mirando a la pared, algunas veces con capucha, otras veces con un antifaz, y otras me llevaban a través de los pasillos sin nada, pero todo el rato con los ojos cerrados y si los abría me golpeaban. Algunas veces, veía zapatos, pero nada más. Los primeros dos días y noches no me dejaron dormir, si bien algunas veces me decían que me tumbara en la cama, al poco rato volvían a por mí.
En esa segunda habitación, había otro grupo de personas diferente. Parecían mayores por su voz. Me pareció que el que hacia las preguntas era pequeño, me decía todo gritándome y me tiraba de los pelos mientras me decía de todo “puta, zorra, asesina...”. El que estaba a mi derecha parecía gordo, o por lo menos tenía manos gordas y grandes. Este me hacía mucho daño. Me entró mucha rabia, ellos me decían todo a gritos y yo les contestaba de la misma forma, pero daba igual, nunca sabía cuándo me iban a golpear y a veces me golpeaban mientras me hacían las preguntas, un golpe por cada letra. También me obligaron a hacer flexiones y a desnudarme. Me decían que estaban tranquilos, que hasta los más duros habían hablado con ellos y que estaban tranquilos.
Creo que el tercer grupo me interrogó en la primera habitación, esta vez la habitación parecía estar llena de gente. Comenzó uno a hablarme preguntándome si me acordaba de él, yo le respondí que no, él me dijo que se acordaba de mí, que en el 88 había estado detenida y que había permanecido dos días en La Salve, me dijo que él era Garmendia, y que me conocía de La Salve, me recordó las torturas que sufrí (sí que me acordaba de aquel tío alto). Me preguntó cómo estaba mi hermana Garbiñe, qué tal andaba, que si no hablaba yo, la traerían a ella y a ver a quién prefería, a mi hermana o a mi madre (en el 88 siempre me decían que habían detenido a mi madre, pero nunca creí que lo llegaran a hacer). Me dijo que él aparecía en el libro de Pepe Rei, que la organización había matado a su hermano y que nos odiaba, que esperaba que el viaje de Bilbo a Madrid no hubiera sido en balde.
Parecía como si cada grupo comenzara de cero, sin ninguna información entre los diferentes grupos, la bolsa, flexiones, estirones de pelo y golpes. El tal Garmendia no volvió a aparecer y de su parte vino un tal “Comisario”. Este también me preguntó si lo conocía, que él también era muy famoso entre nosotros.
Utilizaron mucho que Joserra había cantado y que cantara yo también y me daban a entender que ellos por su cuenta, lo sabían todo, pero que yo también lo tenia que contar, pero al final me decían de todo, que a ver cuántos nombres había dado para que los mataran, que cuántas bombas había colocado, cuántos explosivos había mandado, contactos y contactos, todo el rato. Con quién andaba, quiénes eran mis amigos a quién conocía que pudiera se colaborador, a quién le diría o había dicho para ser colaborador... Qué me habían enseñado en el “otro lado”, qué había traído “del otro lado”, qué tipo de información había dado...
El segundo o tercer día, después de eso, también hubo más torturas, me llevaron a una habitación, me dieron cigarros y me dejaron sentarme. Hablé de política con dos guardias civiles, sobre todo hablaba uno. Que no votaba, que aquel era su trabajo y aunque algunas cosas no le gustaran la tenía que hacer, que él no creía en el actual Gobierno etc. Pero que lo nuestro no tenía sentido, a ver si no nos dábamos cuenta de que no íbamos a ningún sitio, que no valía para nada y que sólo nos traía sufrimiento...También me dijo que él estaba a gusto viviendo en Euskal Herria y que sólo le hacia falta que terminara nuestro terrorismo para poder vivir en paz. Yo hablaba un poco, prefería hablar ahora que en otras ocasiones, pero no pretendía convencer a aquel tipo, tampoco tenía ganas de hablar de política con él, no le veía sentido, sólo quería que me dejaran en paz y pasar el rato.
Volvió el grupo del hombre que viajó a mi izquierda en el coche. En ese grupo había uno que hacía el papel de bueno, algunas veces incluso dos. Este era el grupo más tranquilo para mí, aunque me hicieran las mismas cosas. El del coche me decía que a él no le gustaba lo que hacía, es decir, torturar, pero que no le quedaba más remedio, que no se podía negar , que si no, él también podría ser encarcelado...
La última noche y las últimas torturas crueles te las recuerdan ellos. Primero lo de siempre, preguntas ¿Qué más has hecho? ¿Qué te han enseñado a hacer en el “otro lado”? No nos has contado nada nuevo... Y mientras tanto golpes en la cabeza, la bolsa y flexiones. Al final me dijeron que se habían enfadado y que esta vez iba en serio, me ordenaron que me quitara la ropa y que me tumbara en el suelo. Yo les dije que ya les había contado todo, que no tenía nada más que contarles. Pusieron algo en el suelo debajo de mis rodillas y luego goma espuma debajo de mis brazos. Mientras estaba en esa postura, a cuatro patas, me preguntaron si lo había hecho en esa postura alguna vez y si utilizaba lubricante. Yo les conteste que sí, estaba asustada. Empezaron a decir que me introducirían algo, o que seria alguno de ellos el que me penetrara. Al poco rato, me echaron un líquido en el ano, yo les repetía que no lo hicieran y que no lo hicieran, que aquello era gratuito. Ellos comenzaron como a dudar y uno de ellos salió de la habitación. Cuando volvió, el hombre del coche me dijo que me vistiera y me sacó de la habitación diciéndome cosas suaves y agarrándome suavemente (recuerdo que en aquel momento agradecí mucho aquel gesto, increíble!). Me condujeron hasta la celda y recuerdo que lloré todo lo que en días anteriores no había llorado. El estaba sentado a mi lado, agarrándome y tranquilizándome, me decía que todo había terminado y que estuviera tranquila. Creo que a partir de ahí no hubo más sesiones de tortura.
Al día siguiente me dijeron (a partir de entonces, sería el grupo del hombre del coche el que estaría conmigo) que tenía que firmar una declaración. Pregunté si me podía negar y ellos respondieron que sí, pero que no tenía sentido, que sólo constaría lo dicho hasta entonces y de forma muy gráfica, que aquel papel era un formalismo. Ellos debían presentarle pruebas al juez de la razón de nuestra permanencia allí, que no servia para nada más y claro, que si no firmaba no habría más remedio que seguir allí y que seguirían con las torturas, decían que ellos tenían ganas de irse a casa, que ellos también querían terminar con aquello, que tenían a las familias esperando... Entonces vino otro a explicarme cómo sería la declaración más o menos, que serían preguntas cortas, muy concretas y que primero las leería y las repasaría con él. Me dijo que tendría a un abogado de oficio delante, y que debía de hacer la declaración acordada, que si no lo hacía así les dejaría muy mal y ellos se enfadarían mucho. Fue el que guió el registro de mi casa el que me explicó esto. Todo esto me lo explicaban en un ambiente muy relajado, preguntándome qué tal estaba, tratando temas diferentes, como qué me gustaba hacer, etc. Sobre todo me hablaba el del coche, que me conocía de Lekeitio, que era muy maja, que quizás en otras condiciones, que le gustaba mucho Lekeitio...
No sé si fue cuando me lo explicaron, pero estaba muy preocupada, puesto que la noche anterior oí cómo se desmayaba Joserra y les pregunté a los de la puerta, pero me contestaron que estuviera tranquila, que estaba bien, que lo que le había pasado fue debido a que no comía y había fumado muchos cigarros seguidos. Cuando salí le dije que estaba muy preocupada, él me preguntó si quería verle. Le respondí que sí, y entonces me respondió que iría a preguntar si era posible. Cuando volvió, me respondió que no era posible, pero que lo haría por mí y que traería a Joserra. Me dijo que sólo le podría preguntar qué tal estaba y que no hablara en euskera. Le respondí que lo haría así. Trajeron a Joserra a aquella habitación, no nos pudimos ver, pero sí tuvimos la oportunidad de hablar, le pregunté si se encontraba bien y él me respondió que sí, que estuviera tranquila. Me quedé más tranquila.
Luego empezó el interrogatorio, no fue muy largo, si pertenecía a la organización, si había prestado alguna ayuda, cuántas veces, coches, contactos y quiénes eran (esto era lo más importante). Después de repasar la declaración dos o tres veces me llevaron a la celda, y de ahí hacia las dos horas, me subieron al piso superior, hasta que me introdujeron en la habitación. Tenía que tener los ojos cerrados. Allí estaban un abogado (me dijeron el nombre, pero no lo recuerdo), una chica rubia y joven, otro guardia civil sentado al ordenador y el que me ayudó a preparar la declaración. Respondí a todo y lo firmé.
Aquella noche me dejaron dormir tranquila, pero al día siguiente me volvieron a llevar a la habitación donde se encontraban los del coche. Me preguntaron qué tal me encontraba, si había dormido, si comía... Les dije que estaba preocupada, puesto que había oído que le había pasado algo a Xabi. Que creía que se había cagado encima y que le dieran mi ropa. Ellos dijeron que ya preguntarían, pero no oí nada. Uno me dijo, que iría a preguntar si le pasaba algo a Xabi, luego me dijo que llevaba mucho tiempo en la celda sin salir y que tenía mal olor. Pero que ya le habían cambiado de celda y que estaba mejor. También les pregunté por Aritz, y aunque no me lo dijo directamente, dio a entender que ya estaba en la calle y que Xabi también saldría pronto y que estuviera tranquila. Eso me tranquilizó mucho. Entonces me dijeron que tenía que hacer otra declaración, para concretar pequeñas cosas, otra vez las mismas explicaciones, puro formalismo... Cuando me leyeron las preguntas, respondí a todas tres o cuatro veces, pensando que sería por el bien de Xabi.
A partir de entonces me sacaron en otras dos ocasiones de la celda y en una conversación distendida, hablamos de la declaración ante el juez. De si declararía, (yo no tenía ni idea de lo que esto me podría suponer) yo les dije que no quería decir nada antes de hablar con mi abogado, ellos me decían que no tenía sentido, que el juez ya tenía leída la declaración y que estaba al corriente de todo, además me decían que yo no tenía gran cosa y que sería cuestión de unos pocos años, que podía salir en libertad condicional. Me preguntaron si denunciaría torturas, a lo que conteste que sí, entonces me preguntaron si de no haber torturas las hubiera denunciado, a lo que contesté que no. Uno me dijo que lo veía bien, que algunos, aunque no hubiera torturas, las denunciaban.
Por último, antes de llevarme delante del juez, tras desnudarme y limpiarme, me llevaron a la habitación. Me preguntaron si estaba tranquila etc. Esta última vez, me dieron cigarros y en vez de ponerme mirando hacia la pared, me pusieron frente a ellos, aunque tuviera los ojos cerrados. Me dijeron que tenía que declarar que él se había portado muy bien conmigo (que trajo a Joserra y que preguntó por Xabi, que esas cosas nunca se hacían). Que aunque estaba obligado a hacer su trabajo, que se esforzaba por tener la conciencia tranquila, que al final no había llegado al final (se refería a la violación), que él lo había parado porque no quería hacer algo que no fuera necesario etc. No sé cómo, pero al final prometí que declararía.
Al poco tiempo me llevaron a la Audiencia Nacional, él me llevó hasta arriba y se despidió. Antes me llevaron a la celda de Joserra para despedirme, nos dimos un abrazo. A la Audiencia, me llevaron en un furgón, yo sola, esposada. Cuando llegué a la celda de la Audiencia Nacional, pude leer en las paredes de la celda unas tres o cuatro veces “negarlo todo delante del juez”. Me puse muy nerviosa, se lo había prometido al guardia civil y ahora no sabia qué debía hacer. Comencé a llorar. Al poco tiempo trajeron a mucha gente, y oía a los vascos hablar entre las celdas (estaban un poco lejos). Ellos me decían que lo negara todo, al poco rato trajeron a alguien a la celda de al lado y comenzó a hablar conmigo. Me decía que era Txelis y me preguntó qué tal me encontraba. Yo le dije que tenía miedo de que me volvieran a llevar a las habitaciones si no contestaba (eso fue lo que me dijeron, que tenían permiso para otros dos días), pero él me dijo que creía que eso era imposible, pero que de todas formas preguntaría. Le pregunto a otro y éste le contesto que no era posible, que después de declarar delante del juez, me llevarían a prisión y que estuviera tranquila. Me dijo que lo pensara tranquilamente, que tenia otra oportunidad y que si no me atrevía, no declarara, que respondiera a preguntas fáciles, pero que pensara bien las respuestas y que lo hiciera con cuidado, que las preguntas que me realizaran repetidamente eran una trampa y que sólo respondiera si, no, o algo parecido. Me tranquilizó mucho poder hablar con él y lo vi todo mucho más claro, no comprendía cómo llegué a tener aquella fidelidad hacia aquel guardia civil. Todavía no lo comprendo, pues fue el que pretendió violarme.
Cuando estaba en la celda, nos dieron de comer, por lo menos a partir del segundo día. A la mañana, café y un dulce, a mediodía y a la noche bocadillos fríos y una manzana. Yo tomaba el café y a veces comía lo de dentro del bocadillo. Las manzanas normalmente me las daban después de pedir ir al servicio, también el agua. Una vez pedí bragas limpias puesto que estaba con el periodo y me las dieron, también me dieron los tampax cogidos en casa.
El forense pasó tres veces. El primer día me auscultó y me dijo que estaba muy nerviosa, pero que era normal, que me habían torturado. Le conté todos los días las torturas que estaba sufriendo, todo. Normalmente pasaba a la misma hora, a las 10.30, llevaba reloj y yo lo miraba. Llevaba puesta la tarjeta. Me decía que podía comer la comida que me daban, que no tuviera miedo a que tuviera algo. Todos los días me preguntaba si quería que me miraran algo especial, pero yo le dije que no tenía marcas, porque siempre me golpeaban en la cabeza.
Denuncié torturas delante del juez, pero éste no me hizo preguntas. Cuando me llevaron a prisión, estando incomunicada, todos los días me preguntaban si quería ver al médico.
No tengo nada más que contar, sólo que se me hace incomprensible la relación respecto a aquel guardia civil, y que me encuentro muy débil en ese sentido, como indefensa. Si consiguieron que llegara a sentir eso, ¿qué no pueden conseguir ? ¿Soy tan débil? No sé, me hago muchas preguntas.